NOUPROGRAMAHe dicho algunas veces que fue una lástima que la crisis de 2007 no hubiera llegado unos años antes. Hubiéramos podido cambiar las cosas a tiempo. La crisis americana, que estuvo a punto de colapsar todo el sistema financiero de la OCDE, ha supuesto grandes problemas en muchos países europeos, pero ha servido para tirar de la manta y dejar al descubierto toda una serie de problemas económicos y de naturaleza política. Hasta que las reformas y los esfuerzos que exige su solución no estén completados, se mantendrá inestable nuestro sistema.

En el caso español, son por lo menos cinco los aspectos que han quedado al descubierto: una economía poco competitiva, una sociedad desigual, un mal funcionamiento institucional, un problema territorial, y las dificultades de la construcción europea.

1. Modelo económico. La crisis ha puesto en evidencia la falta de adaptación de buena parte de nuestras economías a las exigencias de la globalización. Se ha reducido mucho la competitividad de un sistema industrial basado en la utilización de recursos naturales de todo el planeta y de cantidades enormes de energía importada a precios bajos, sobre todo cuando además se ha producido una difusión global de la tecnología que hoy día está al alcance de otros territorios. Los países que fueron abandonando la actividad industrial y concentrando su economía en los servicios y en la construcción (como es el caso español), y entrando además en una espiral de endeudamiento y especulación, tienen ante sí un importante problema. Es necesaria una nueva política industrial que se centre en grandes aumentos de la eficiencia, en una mejor utilización de los recursos naturales escasos, y en un incremento de la utilización de tecnología en el diseño de productos y de procesos.

2. Modelo social. Las reformas que a partir de los 90, al aire de la corriente neoliberal, se hicieron en la desregulación de mercados y en el sistema fiscal, aumentaron mucho las desigualdades incluso en períodos de fuerte crecimiento. Esta evolución hizo que, cuando llegó la crisis, la sociedad estuviera mucho menos preparada para repartir equitativamente los costes de la misma, y las dificultades del empleo, junto con las medidas de austeridad tendentes a equilibrar los presupuestos, dejaron cada vez más desprotegida y excluida a una parte creciente de la sociedad.  El estado del bienestar que se había construido (con retraso respecto a otros países europeos) se fue debilitando y se redujo notablemente la cohesión social, generando importantes movimientos de disgusto y de  protesta.

3. Funcionamiento institucional. En toda Europa, pero muy especialmente en España, esta situación ha afectado, y ha ido poniendo en evidencia el mal funcionamiento de nuestro sistema político, derivado de las etapa de la transición, que si bien fue de enorme valor para las primeras décadas de democracia, no ha sabido o no ha querido adaptarse a una época distinta, ni a los cambios globales que se han producido durante los últimos cuarenta años. El sistema de elección de nuestros representantes, la forma de repartir el poder político desde un punto de vista territorial, el mal funcionamiento de algunas administraciones, el sistema de nombramiento de los órganos supuestamente independientes, la falta de control de la actividad ejecutiva que ha dado lugar a demasiados casos de corrupción, o la ineficacia del sistema judicial, son algunos de los elementos que han ido produciendo un progresivo rechazo  de todo el sistema por parte de los ciudadanos, rechazo que demanda reformas desde lo más alto (la Constitución, la organización del Estado) hasta los niveles más cercanos.

4. Equilibrio territorial.   No es de extrañar que todas estas situaciones de descontento hayan incrementado los deseos de de los ciudadanos de algunas partes del Estado, especialmente Cataluña, de buscar perspectivas distintas, ante la aparente falta de voluntad (o incapacidad) de los gobiernos centrales para abordar estas reformas con carácter general. Hay que tener en cuenta que existe en Catalunya el convencimiento que el statu-quo actual es perjudicial para quienes viven aquí. La rígida posición negacionista del actual gobierno ha ido realimentando esta corriente de opinión y favoreciendo comprensibles posiciones de separación.

5. Construcción europea. La crisis, y sobre todo la triste actuación de la UE frente a la misma, ha puesto de manifiesto hasta qué punto el proceso europeo  está en un punto crítico, debido a la ralentización, cuando no la regresión, que  sufrió en los últimos años. Los instrumentos que otros países han utilizado con éxito frente a la crisis, los estados europeos ya no los tienen, y la unión no los ha desarrollado o no los utiliza. Para decirlo muy sintéticamente: “Sin Estado no hay Moneda”. La consecuencia del desencanto ha sido un inquietante fervor antieuropeo que, en ausencia de un claro salto adelante, podría conducirnos a un futuro lleno de dificultades y a una regresión histórica.

El futuro político no avanzará mientras los partidos, o los movimientos políticos, no sean capaces de hacer propuestas concretas en cada uno de los cinco ámbitos, cuyos problemas no se pueden solucionar separadamente.

 

Joan Majó, ingeniero y ex ministro