Yacimientos

En la eterna lucha contra el paro, no hace muchos años que se puso de moda en Francia hablar de “yacimientos de ocupación” (gisements de emploi). La expresión me recordaba la de un profesor de mi Facultad que hablaba de los “yacimientos de patatas de Australia”. En ambos casos se trata de un mal uso del término “yacimiento”, porque un yacimiento es un lugar donde se encuentra un mineral, mientras que  las patatas se plantan y los puestos de trabajo se tienen que crear. Aun así, la expresión es sugestiva y la tendremos presente un rato.

Es probable que estamos asistiendo a un reflujo de la globalización.

Hay buenas razones para pensarlo: el encarecimiento del transporte resultado del encarecimiento previsible del precio de la energía es una, el aumento de la inseguridad ambiente es otra. No sabemos si este reflujo es temporal, pero la prudencia nos aconseja prepararnos por una buena temporada. Prevención particularmente sensata cuando se trata de bienes esenciales como son los alimentos. Nos aconseja desarrollar alternativas de proximidad a las cadenas habituales, es decir, abastecernos sobre todo de lo que tenemos más a mano. Y aquí podemos encontrar un yacimiento de ocupación: precisamente, en la tan citada España que se vacía.

La tierra está: hablan de 4,5 millones de hectáreas de cultivos potenciales. Si la tierra se vacía no es porque no haya discotecas, porque estas vienen, como los saloons en los films del Faro West, allá donde hay vida. No es porque el trabajo sea sobrehumano, porque la tecnología lo ha aligerado. Es sobre todo porque la gente no se gana una vida aceptable. Este fenómeno tiene dos causas principales: la competencia de productos cultivados bajo unas regulaciones menos estrictas que las de la UE -y, por lo tanto, potencialmente de calidad inferior- y el poder de mercado de los principales clientes, la gran distribución. Poner en valor los cultivos de proximidad depende, pues, de nosotros: precios más caros para el consumidor final, beneficios menos elevados a lo largo de la cadena, nada que no sea asumible para unos y otras.

España vacía

Poner en valor esta España que se vacía tiene, naturalmente, el potencial de crear muchos puestos de trabajo de calidad.

Además, es una tarea a desarrollar a nivel local, porque son los pueblos los que mejor conocen sus oportunidades y sus necesidades. Algunos pueblos en Francia han desarrollado programas de trabajo público garantizado para aquellos que no encuentran trabajo en ninguna parte, con buenos resultados: a veces, iniciativas que un Estado no puede poner en marcha son un éxito en el ámbito local. No hay que decir que una administración local con ideas y recursos es lo que hace falta para que la gente quiera vivir.

Otra ventaja potencial: la puesta en valor de la España que se vacía puede favorecer formas asociativas diferentes de la gran empresa: las cooperativas, menos focalizadas en el beneficio y más atentas a las necesidades de las comunidades locales. Y tiene, sobre todo, una calidad esencial: potencia la iniciativa y la responsabilidad individuales. Nos aleja de la tradicional dinámica pasividad-queja. Es, en pocas palabras, mucho más que un yacimiento de ocupación: una oportunidad para una sociedad.

 

Yacimientos

Alfredo Pastor

Patrón de la Fundación

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