Una desastre de gestión

Querría continuar la reflexión que hacía, ahora hace un más, en estas mismas páginas sobre las consecuencias de los errores en la gestión de la globalización por parte de los gobiernos. En aquel momento hablaba más del caso americano y a la victoria de Trump, pero ahora quiero referirme sobre todo en Europa, y centrarme en la zona euro.

  1. La globalización. El proceso acelerado de desaparición de barreras a los movimientos de personas, de productos, de capitales, y de información, es una tendencia imparable fruto, en gran parte, del progreso tecnológico y de la consiguiente “apertura” de las sociedades. Este proceso ha permitido mejorar los niveles de bienestar de millones y millones de personas por todas partes. No se podía evitar; no se tenía que evitar. Pero se tenía que ordenar mejor, y no dejarlo en manos de los poderes económicos. Haría falta también tomar medidas para corregir los posibles inconvenientes para los ciudadanos de los países desarrollados. Y, paradójicamente, en Europa se tomaron las medidas contrarias. Me explico, simplificando mucho. Se produjeron movimientos hacia Europa de productos y de personas, y de Europa hacia fuera, de capitales productivos; el movimiento de información fue impresionante y bidireccional. El resultado ha significado el aumento de las importaciones de productos de consumo, el incremento de las llegadas de personas inmigrantes (agravada por los que huyen de las guerras). Mientras, se producía aquí una desindustrialización, fruto de la deslocalización de inversiones productivas, y de la utilización de capitales internos para operaciones especulativas improductivas, tanto de tipo financiero como otros activos.Es evidente que estos movimientos, han producido, y esta es la buena noticia, efectos muy beneficiosos en la disminución de la pobreza en el mundo. Han supuesto también beneficios importantes en los capitales occidentales que han tenido una libertad que nunca habían conocido. Pero no es menos cierto que han supuesto fuertes problemas de carencia de trabajo y de disminución de rentas a una parte importante de la población europea, problemas que durante un tiempo estuvieron endulzados por el recurso al crédito.
  2. La gestión de la crisis. Cuando la burbuja especulativa explotó y el exceso de endeudamiento condicionó el consumo, tanto público como privado, y puso en peligro la estabilidad financiera de la zona euro, se tomaron medidas de salida de la crisis dirigidas en primer lugar a resolver los desequilibrios financieros privados, y otras basadas en criterios radicales de austeridad que han afectado sobre todo a la misma parte de la población que ya había recibido el impacto negativo de los efectos de la globalización: regresión del mercado de trabajo, restricciones presupuestarias, congelación de inversiones, recortes de servicios públicos (sobre todo sanidad y educación). No es pues de extrañar que haya gente que piense que las autoridades de su país, en vez de preparar medidas para compensar los posibles efectos negativos de la globalización, han aplicado algunas que todavía las han agravado.
  3. La UE y la globalización. A partir de aquí han entrado en juego dos hipocresías. La de los dirigentes estatales que participan a la aprobación de medidas de austeridad a la UE, y después señalan a la UE como culpable de las consecuencias. Y la de aquellos que, a menudo desde la oposición política, señalan como responsables de todo esto a las personas que llegan de fuera. Así se hace hervir la olla de la euroescepticismo, de la xenofobia, y del “nosotros sólo, mejor”. Y el caldo todavía se calienta y se ensucia más por la absoluta carencia de regulación del mercado de la información digital. No es extraño que alguien piense que se está poniendo en peligro la democracia…
  4. Los golpes de timón. Describir una gestión adecuada sería largo y no fácil. Pido, pero, seis golpes de timón urgentes:
    1. Ampliar las políticas activas de creación de puestos de trabajo y de formación que permitan un crecimiento de calidad.
    2. Invertir en sanidad, educación y otros servicios, que permitan garantizar a las personas una renta mínima, y eviten el sentimiento de ser desplazadas por nuevo venidos.
    3. Establecer un proceso solidario, pero razonable y ordenado, de llegada de nuevas personas.
    4. Restringir la actual libertad absoluta de movimientos de capital, y tasar de forma importante las plusvalías especulativas.
    5. Intensificar mucho la persecución del fraude fiscal para aumentar la recaudación.
    6. Introducir normas en el funcionamiento de las plataformas y redes digitales para poder evitar el anonimato y poder exigir responsabilidades en la difusión de la mentira.

Joan Majó, ingeniero y ex ministro.