Por Sant Jordi celebramos y reflexionamos

Cataluña lideró la creación de ocupación en el conjunto de la economía española durante el mes de marzo, según los datos actualizados por el Gobierno a principios de este mes de abril. A pesar de este hecho, no tenemos que olvidar que llevamos encadenando dos meses, febrero y marzo, sin casi reducciones del paro. ¿Efecto atribuido al contexto internacional derivado de la guerra en Ucrania?

D. Sam Abrams, poeta, traductor, crítico y ensayista norteamericano establecido en Cataluña en los años 70, ha hecho llegar a la Fundació Acció Solidària Contra l’Atur su propia reflexión al respecto.

¡Gracias D. Sam Abrams!

Una manera, hay muchas más, de corresponder a su amable gesto es compartir sus palabras. Y el mejor momento, es hacerlo en San Jordi.


 

Este año conmemoramos el centenario de la publicación del primer libro de poemas de Tomàs Garcés, Vint cançons, editado por su amigo y compañero poeta, Joan Salvat-Papasseit, en la Librería Nacional Catalana, el 20 de diciembre de 1922.  A partir de la aparición Vint cançons Garcés fue consolidando su trayectoria de poeta con la publicación de once libros más dados a conocer entre 1924 y 1985, solo ocho años antes de su muerte.

 

FONT: Tomàs Garcés, El caçador, Barcelona, Editorial Selecta, 1947.

Fuente Arxiu de Revistes Catalanes Antigues.

 

El poema que os ofrezco para celebrar la Fiesta de San Jordi es «El caçador» de Tomàs Garcés, un poema que pertenece al libro del mismo título, El caçador, publicado en Editorial Selecta en 1947, durante la etapa más oscura y dura de la dictadura franquista. El caçador fue el primer libro que Garcés publicó después de la Guerra Civil. De hecho, era el primer libro que había publicado después de El senyal de 1935. El caçador, pues, había roto el silencio poético de Garcés durante doce años.

Los años de la guerra y la primera posguerra fueron años muy duros para nuestro poeta. Por católico y afiliado al partido Unió Democràtica, se había exiliado con su familia entre 1936 y 1939.  Al volver al país tuvo que empezar desde cero para reconstruir su carrera profesional de abogado y su carrera vocacional de poeta.  Al cruzar la frontera encontró un país completamente devastado. En el prólogo de El caçador, firmado en 1944, Garcés da un testimonio muy exacto si sabemos leer entre líneas:

«Vivim en un món tempestejat.  Ara que és destruïda tota dolcesa sabem que hem estat feliços.  Però ha estat veure cremar els temples de la fe i enderrocar les creus de terme.  Hem vist els arbres sota el quals palpitava el nostre cor arrencats de soca-rel per la tramuntana.  La nostra terra ha quedat més llisa que la palma de la mà.  Els seus paisatges i el seu cel ens han semblat de sobte deserts i sense alè.  Perquè hi ha hagut amputacions cruels, i sota pretext d’esclarir els arbres ens han devastat la selva.  El mirall és a bocins.  Qui el refarà?  Les flors són només un record dels rams que ens perfumaven l’ànima.»

En el párrafo siguiente Garcés hace un ruego desde el fondo de su alma: «Déu faci que aquest perfum no ens deixi mai.  I qui sap si un dia tot es posarà a palpitar harmoniosament altra vegada.  Escric aquestes ratlles en un erm, en un serrat de Cerdanya.  El món calla.  Ni un ocell, ni un oratjol.  Però quan he deixat caure el braç, amb fatiga, a frec d’un escardot calcinat que hi ha a la meva vora, del mig de les espines ha sortit, jubilosa munió, un vol de papallones.»

Estas dos citas nos abastecen del trasfondo contextual para entender las intenciones  de El caçador, tanto el libro como el poema que lleva el mismo título. El caçador es el libro donde Garcés retoma su voz poética, su carrera poética. Es decir, rodeado de un panorama desolador y trágico de destrucción, Garcés se esfuerza para encontrar motivos de celebración de la vida y de la voz lírica que canta la continuidad de la vida.  Ciertamente, un gesto bien valiente y osado.

Nuestro poema, el poema «El caçador», que comienza el libro sutilmente es una declaración encubierta de principios contra la guerra y la devastación y, al mismo tiempo, un canto a la vida. Es una octava de ocho versos decasilábicos, si descontamos el sexto verso que es un verso más corto, un octosílabo que intenta imitar el «breve escopetazo» del «cazador cansado» del verso anterior.

La primera mitad del poema, los primeros cuatro versos, evocan de una manera matizada, bella, armoniosa y profundamente musical el paso del verano en otoño. En el ambiente, además de la belleza sensorial, el poeta detecta «tendreses moridores» porque «l’estiu se’n va». Todo esto significa que la muerte es un aspecto natural y normal de la vida y la tenemos que aceptar como tal, aunque nos provoque una certeza tristeza el claro sentido de la pérdida. Pero, tal como hemos dicho, es un fenómeno plenamente normal y natural.

La segunda mitad del poema, los últimos cuatro versos de la octava, se centran en la figura del cazador.  El cazador representa la muerte abrupta y brutal causada por la violencia del hombre. Una sola bala descargada de la escopeta del cazador tiene un resultado realmente terrible: «trenca a bocins el vidre clar del cel». Y el estropicio del cielo, a su vez, tiene unas consecuencias también terribles: «sobre el món les flors del cel escampa». Las «flors del cel», naturalmente, son los pájaros.  Es decir, una sola bala descargada contra el cielo es capaz de hacer caer de golpe, repentinamente, todos los pájaros del cielo.  Queda clarísimo que todo es una exageración, un exageración al servicio de resaltar todo el mal que puede hacer una sola bala disparada contra la vida y la naturaleza. Una cosa es la muerte natural y normal del paso del tiempo y otra cosa muy diferente es la muerte antinatural provocada por el hombre. Aquí tenemos una denuncia en toda regla contra la violencia humana, que metafóricamente es una denuncia contra la guerra.  Todo el poema, pues, es un canto a la vida normal y natural y una denuncia contra todo aquello que desde la violencia consciente y programada de la humanidad atenta brutalmente contra la vida.  La muerte violenta es totalmente antinatural. Y todo el poema proyecta su luz vital y su sombra violenta sobre los contenidos del libro. El caçador encarna la lucha entre la vida pacífica y la muerte violenta que se resuelve a favor de la vida pacífica.

Y me parece que la terrible guerra de Ucrania, desgraciadamente, nos ofrece una buena ocasión para recordar este poema.

¡Feliz Sant Jordi!

 

D. Sam Abrams

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