El Primero de Mayo es el Día Internacional del Trabajo. En 1889 se fijó como día reivindicativo del movimiento obrero mundial, en homenaje a los obreros mártires de la dura represión hecha a las huelgas de Chicago de tres años antes.

Con las mejoras laborales y sociales que a lo largo del tiempo se han ido alcanzando, la jornada del Primero de Mayo fue perdiendo el sentido reivindicativo para convertirse en un día festivo. Es una evolución que tenía sentido en la época de vacas gordas, pero ahora, con el elevado nivel de desempleo y la degradación de las condiciones laborales, el Día del Trabajo debe recuperar su carácter reivindicativo. Ya no se trata de luchar contra las jornadas infernales de trece o más horas, seis días a la semana y unas duras condiciones. Ahora el problema es la falta de trabajo, la precariedad de los contratos y la degradación de las condiciones del trabajo.

La globalización, las nuevas tecnologías y una dura competitividad están sometiendo el trabajo a un cambio permanente. En España el mundo del trabajo vive una situación dramática. El miedo a quedarse sin trabajo sigue siendo la principal preocupación de los ciudadanos, especialmente los mayores de 50 años y para muchos jóvenes de menos de 25 años que, a pesar de estar bien formados, tienen que emigrar. Algunos políticos nos dicen que se está reduciendo el paro cuando, en parte, lo que se hace es crear más pobres. Se está confundiendo la flexibilidad necesaria con la degradación del trabajo. Forma parte de un perverso modelo social que hace que las desigualdades aumenten.

La competencia en el mercado global se endurece, especialmente con los países emergentes que se modernizan a un ritmo acelerado. Han creado potentes universidades, centros de investigación, disponen de un mayor conocimiento tecnológico y de profesionales preparados. Ya hoy pueden competir en productos, equipos e instalaciones sofisticados.

Algunos autores hablan de que estamos ante una nueva era tecnológica basada en la digitalización, robótica e internet de las cosas, que permitirá producir grandes cantidades a un coste marginal cercano a cero. Habrá abundancia de productos y servicios, que darán un fuerte impulso a la economía, pero al mismo tiempo estas tecnologías, aunque la economía crece, pueden crear desigualdad y desempleo. Opinan que actualmente el rápido cambio tecnológico está destruyendo más puestos de trabajo que creando.

Ante el desafío con que se encara el mundo de trabajo hay que reaccionar y anticiparse, para aprovechar las ventajas que los nuevos tiempos ofrecen. La respuesta es la sociedad del conocimiento. Europa y España no pueden competir por precio, tienen que competir por conocimiento y saber hacer. Requiere gente preparada, innovación, investigación, e inversiones en nuevas tecnologías, sin olvidar la importancia de la cultura. Habrá que hacer un gran esfuerzo de formación de calidad a todos los niveles, adecuándola a las demandas de la sociedad, así como, la reconversión profesional de las personas con conocimientos obsoletos. Sin formación ni cultura, no hay futuro.

Los rápidos cambios en la sociedad y en el sistema productivo ofrecen muchas oportunidades. Las tecnologías digitales, la comunicación, las ciencias de la salud y medioambientales, las energías verdes, la movilidad, la eficiencia en el uso de la energía, el medio ambiente, o los servicios personales, tienen un enorme potencial. Todo lo relacionado con la formación, la innovación y el emprendimiento, deben ser nichos creadores de empleo.

En Barcelona tenemos un ejemplo. Alrededor del GSM World Mobile Congreso está creando un ambiente tecnológico y de proyectos en común, que da lugar a nuevas empresas, profesionales preparados y puestos de trabajo cualificados, en uno de los sectores tecnológicos más dinámicos a nivel mundial. Aprovechando el capital humano, tecnológico y la capacidad de innovación del que disponemos tenemos que dinamizar clusters en sectores de alto potencial.

Afortunadamente, el presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi ha iniciado un programa de expansión monetaria poniendo en el mercado 60.000 millones de euros mensuales durante un mínimo de once meses, lo que estimulará la economía. También con el objetivo de crear empleo el presidente de la Comisión Europea Jean-Claude Juncker, ha diseñado un programa para hacer inversiones de 300.000 millones en tres años.

¿Y los gobiernos que tienen que hacer? Los gobiernos deben apoyar al tejido productivo, para crear riqueza y empleo, garantizando la dignidad de las condiciones de trabajo y distribuyendo de forma justa el valor añadido creado y, si es necesario, buscar fórmulas para repartir juiciosamente el tiempo de trabajo disponible para reducir notablemente el nivel de paro, que es moral y económicamente insostenible.

Como se ve, el Día del Trabajo sigue teniendo todo su sentido. Hay que seguir exigiendo trabajo, progreso y dignidad para todos los que quieren trabajar.

Francesc Raventós

Artículo publicado en La Vanguardia el 03 de mayo de 2015.