¡Profundicemos en las políticas activas de ocupación!

¡Repensemos nuestro modelo productivo!

Las altas tasas de paro que tradicionalmente tenemos, agravadas ahora con el drama de la Covid-19, nos indican que hay que hacer un replanteamiento de cara al futuro sobre el tipo de puestos de trabajo que se generan en nuestro país. En este sentido, nos preocupa la tendencia a convertir los ERTE en ERE, es decir, en un aumento del paro con carácter permanente. A corto plazo hay que encarar como dotamos de instrumentos a las personas desempleadas para que puedan estar mejor situadas para encontrar trabajo, por eso sin lugar a dudas es del todo urgente y necesario impulsar en Cataluña nuevas y enérgicas políticas activas de empleo. El gobierno del Estado y el de la Generalitat deben aprovechar más y mejor los fondos que la Unión Europea destina a las políticas activas.

Nos dirigimos hacia un mundo donde las trabajadoras y trabajadores debemos formarnos de manera constante para actualizar nuestros conocimientos a lo que la sociedad demanda. La formación ocupacional debe tener en cuenta las demandas del mercado, actuales y previsibles, atendiendo en particular al reto de la digitalización. La formación a lo largo de la vida y la adquisición de nuevas competencias profesionales beneficia a todos, hay que consolidarla como derecho laboral, y hay que facilitar la asistencia puntual a acciones formativas acompañadas de una retribución justa. La formación profesional y ocupacional de las personas sin trabajo, una vez terminada, se completará con un seguimiento personalizado para ayudarlas a entrar en el mercado laboral. Es injusto e inhumano que las personas “sin papeles” no tengan acceso a estas políticas, porque se les están negando posibilidades para su inserción social y se falta al respeto a su dignidad.

Para impulsar políticas activas de empleo hay que negociar seriamente nuevos y valientes acuerdos entre el sector público, máximo responsable del tema, y ​​el sector privado, a menudo encargado de su gestión. Hay que garantizar siempre un control público y transparente de las actuaciones. Queremos que las empresas del Tercer Sector y de la economía social, solidaria y cooperativa tengan un papel destacado en la investigación y la realización de nuevas políticas activas. Estas empresas, sin ánimo de lucro, pueden facilitar la superación de muchas de las actuales carencias.

Si bien en el presente hay un aprovechamiento mayor y más accesible de las políticas activas de empleo, de cara al futuro hay que hacerse determinadas preguntas. Las altas tasas de paro juvenil -líderes en Europa en las dos crisis económicas de forma consecutiva- nos indican que algo anda mal con nuestro modelo económico y laboral, intenso en mano de obra de baja calificación, ante una juventud cada vez más formada. Tanto las personas que tienen estudios y no encuentran trabajo de lo que han estudiado (fenómeno conocido como “sobrecualificación”) como las personas jóvenes que quedan fuera del sistema académico formal, no son problemas individuales como se suele poner de manifiesto, sino una tragedia colectiva: tenemos un sistema económico que se ha demostrado incapaz de aprovechar los conocimientos de la gente joven, y ante ello no hay formación continua que lo arregle. ¿Cómo puede nuestra economía absorber el talento? ¿Cómo puede retener los puestos de trabajo y generar otros nuevos? ¿Cómo debe responder nuestro modelo productivo a los grandes retos de la humanidad, en particular a la emergencia climática y la justicia global? ¿Cómo puede nuestra economía avanzar hacia una transición ecológica justa, que genere puestos de trabajo sostenibles en el tiempo y arraigados en el territorio? Para este 1º de Mayo, reclamamos valentía a los agentes sociales para asumir estos retos, y un debate real participado con la ciudadanía donde podamos sentar las bases para repensar el modelo productivo en la era post-Covid.

Comunicado de la Plataforma pel Treball Decent en motivo de la Jornada mundial de los Trabajadores y Trabajadoras. 2021.