Puntualizaciones sobre el debate fiscal

No es de extrañar que sea fácil hacerse cierto lío mental en unos momentos en que se han juntado un conjunto importante de problemas de carácter ecológico (cambio climático), social (empobrecimiento y aumento de las desigualdades), sanitario (peligro de pandemias), militar (guerras), y económico (inflación y endeudamiento). El reto de mantener la sostenibilidad, tanto del planeta como de la convivencia humana, pide a los gobiernos políticas valientes y urgentes, que en muchos casos no se hacen, y sobre todo, exige disponer de muchos más recursos financieros. Es lógico que se haya abierto por todas partes un fuerte debate fiscal que está provocando enfrentamientos políticos con incomprensión de los ciudadanos, y que marcará los colores de la nueva etapa en que entren nuestras sociedades. Querría exponer, muy simplificadas, unas cuántas ideas en el respeto, enfocadas sobre todo en España, Cataluña, y la UE.

  1. Necesidades. El gasto público necesario para hacer las transformaciones y las transiciones que hacen falta será muy importante, y, por lo tanto, habrá que revisar el volumen global y la composición de los presupuestos públicos. La UE ya hace un par de años que fue valiente y aceptó endeudarse para generar fondo y repartirlos entre los miembros que lo necesitan. Pero España sigue siendo un país en que la recaudación de impuestos no llega al 40% del PIB, mientras que el de la media de los estados de la UE es del 46%, y bastantes países pasan del 50%. Todo y las ayudas de la UE, que los gobiernos tienen que hacer todo el que haga falta para poder aprovechar, no podremos evitar aumentar nuestra recaudación de impuestos, tanto en el estado como en nuestra casa. Cataluña tiene una recaudación proporcional mayor que la otros comunidades, cosa normal desde un punto de vista de su riqueza, pero transfiere solidariamente una parte en otras comunidades. Esto es muy lógico, pero el déficit fiscal que está provocando es excesivo y ya hace muchos años que está pendiente de revisarse. Otro trabajo urgente.
  2. Ingresos fiscales. Para hacer frente a estas necesidades habrá que aumentar los ingresos, puesto que en caso contrario habría que reducir los fondos dedicados a servicios públicos como enseñanza o sanidad, cosa impensable en estas circunstancias. Por unas razones muy diferentes, tampoco se podrán reducir los fondos de defensa, puesto que la participación en la OTAN, nos obligaría a aumentarlos. El aumento de los ingresos exige actuar rápidamente en tres direcciones: aumento y revisión del presupuesto, mejora de la inspección para reducir el fraude fiscal, y combatir la economía sumergida, que tanto en España como Cataluña representa una proporción del PIB superior a la de una buena parte de los países europeos.
  3. Finalidades del sistema fiscal. Los presupuestos tienen dos objetivos: financiar los servicios públicos, y provocar una redistribución de rentas y de oportunidades, disminuyendo las desigualdades existentes entre los ciudadanos. Es por eso que, a la hora de revisarlos, hay que evitar que se produzca un efecto contrario. Sin ninguna duda las rentas o los patrimonios más altos son los que tienen que contribuir más a este aumento, y al mismo tiempo se tendría que conseguir mejorar la situación de los que sufren la pobreza que están causando algunos de los problemas actuales. Un aspecto evidente es que aquellos que han contribuido a provocarlos, o que incluso han salido favorecidos por la existencia de estos problemas, sean los que más contribuyan a proporcionar recursos para hacer frente. Tanto en el momento de crear o anular algunos impuestos, como de modificar sus características, hace falta que todo esto se tenga en cuenta.
  4. Comportamientos políticos. Es indignante ver gobiernos que, por convencimientos ideológicos pero, sobre todo por intereses electorales, actúan defendiendo que el que hace falta es rebajar o suprimir impuestos y recortando gastos públicos básicos del estado del bienestar o aumentando el endeudamiento público. Son dos políticas, una que perjudica las personas actualmente en situación de pobreza, y el otro que ponga en peligro el bienestar de las próximas generaciones. También indigna ver como se provocan enfrentamientos entre personas o entre territorios, utilizando la fiscalidad como una arma, en vez de buscar acciones y políticas conjuntas y solidarias. En este aspecto no se pueden aceptar actuaciones recientes que pretenden provocar la movilidad territorial de empresas y de personas, estimulando descaradamente el egoísmo y cierta conducta fraudulenta. Este tipo de políticas son exactamente las contrarias del que tendríamos que esperar de los servidores públicos que los ciudadanos han escogido porque les ayuden a resolver todos los retos actuales, personales o colectivos, que citaba a primeros del artículo.
  5. Solidaridad personal. No puedo dejar de decir, para acabar, que creo que todas aquellas personas que pensamos que habría que aumentar la recaudación del sector público, aumentando algunos impuestos y aumentando su carácter redistributivo, no nos tendríamos que quedar parados. Como que sabemos que también hay una posible solidaridad que se puede canalizar a través de las ONGs del tercer sector, quizás tendríamos que actuar con consecuencia para potenciar este canal, poniendo a disposición de organizaciones sociales de confianza algunos recursos que los permitieran hacer crecer su actividad en la mejora de la justicia social. Está claro que una mejor fiscalidad lo haría menos necesario; pero no es el caso…

 

Joan Majó
Ingeniero y exministro –  Miembro del Patronato de la Fundación

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