Como miembro del jurado, he tenido la posibilidad de leer un trabajo, a lo que hemos otorgado el premio «Cataluña Europa Siglo XXI» de la Fundación del mismo nombre. Me ha resultado muy interesante, porque me ha permitido conocer datos y encuestas que me han confirmado opiniones personales que he escrito y repetido a menudo. Las sintetizo así: «Desde hace unos años, la percepción que muchos ciudadanos tienen de los beneficios que ha representado para ellos la construcción europea ha ido disminuyendo, y en algunos casos se convierte más en un problema que en una solución. Esto está poniendo en peligro su continuidad. Hay que analizar esta situación intentando separar lo que corresponde a la realidad y lo que tal vez sólo es una percepción incorrecta. De forma muy rápida, analizo algunos aspectos.

  1. Beneficios directos o indirectos. Dejo de lado los beneficios no cuantificables pero muy importantes: paz, libertad, democracia, seguridad, protección … Centrándome sólo en el económicos, creo que la existencia del mercado único ha tenido un efecto muy positivo en la modernización y la capacidad de creación de riqueza de las economías de todos los estados integrados en la UE. Los que, como nosotros, tardamos en incorporarnos, lo experimentamos con claridad. Ahora bien, es evidente que la riqueza creada se ha ido distribuyendo cada vez peor en las últimas décadas, de forma que las desigualdades han ido aumentando mucho en el interior de muchos países y no se han reducido bastante entre países. La UE ha tenido un éxito extraordinario en la creación del mercado, pero no ha sido suficientemente eficaz en las posibles medidas de corrección del mercado para asegurar los derechos sociales. Dicho de otro modo: Los beneficios evidentes del mercado único no se ha repartido bastante entre los estados ya que la política de «convergencia de las economías» no ha funcionado; y la mayoría de los estados no han sabido, o querido, redistribuir internamente los beneficios entre sus ganadores y perdedores. Hay dones hacer reproches tanto a la política europea como las políticas estatales, que en parte está condicionada por aquella. En la primera, porque ha dejado para más tarde la «Europa Social», y en las segundas, por sus políticas neoliberales.
  1. Realidad y percepción. Los beneficios económicos que la mayoría de los ciudadanos europeos hemos recibido de la UE han sido mucho más indirectos que directos, ya que el hecho de que la apertura de mercados haya supuesto el crecimiento de empresas, el aumento de exportaciones, y la creación de puestos de trabajo, no es algo que se experimente directamente, algo que sí ocurre con una subvención o una ayuda. El presupuesto comunitario es relativamente muy pequeño (menos de un 1% del PIB comunitario) y por lo tanto sólo ha supuesto ayudas directas a una parte de la población. Los beneficios que llamo indirectos (crecimiento y fondos estructurales) han sido mucho mayores durante muchos años y los hemos disfrutado de forma inconsciente, sobre todo los que no conocían etapas anteriores. Pero se han truncado con la ampliación de miembros y sobre todo con la crisis. Para combatirla, las políticas que muchos gobiernos han aplicado, en complicidad con las autoridades europeas, han sido equivocadas y han perjudicado la parte más débil de la población. Esto ha provocado una percepción mol negativa de la UE, aunque aquí, a menudo «Bruselas» haya sido la excusa para aplicar políticas que favorecían intereses concretos (reforma laboral, reformas fiscales regresivas, amnistía …).
  1. Medidas de futuro en la UE. En primer lugar, es necesario que la UE (pero sobre todo, la zona Euro) complemente sus políticas económicas, con políticas sociales. En segundo lugar, es necesario que, al igual que impone a los Estados directivas con límites y medidas en materia monetaria y fiscal, lo haga también en materia laboral y social. En tercer lugar, es necesario que se aumente de forma importante el presupuesto comunitario, permitiendo transferencias de fondos hacia los países menos ricos, que se materialicen en inversiones europeas de carácter productivo, y en mutualización de riesgos. Finalmente, es necesario que todas estas actuaciones sean más perceptibles para los ciudadanos, y éstos tengan una mayor participación democrática en las correspondientes decisiones, y una mayor percepción de solidaridad entre los miembros de un mercado y una moneda únicos. A título de ejemplo, se debería desarrollar rápidamente el contenido del «Pilar Europeo de Derechos Sociales» aprobado hace unos meses en Gotemburgo; debería seguir el camino iniciado con el «Fondo Europeo de garantía de depósitos bancarios«, construyendo un posible «Fondo Europeo de Seguro de Desempleo» complementario o sustitutivo de los estatales; y, para hacer esto posible, debería convertirse en comunitario del Impuesto de Sociedades, lo que serviría también para resolver el dumping fiscal dentro de la UE.

Las posibles exigencias de Schultz por la Gran Coalición con Merkel, y la aparente fuerte voluntad europeísta de Macron, pueden ayudar a avanzar en esta línea? Esperamos hacerlo.

Joan Majó, ingeniero y ex ministro.