Los límites de la sociedad industrial

2017_01_04_limitsNo hay ninguna duda que uno de los motivos de preocupación personal más importantes, que explica la desorientación, la indignación, y la revuelta, de nuestras sociedades europeas, es la incertidumbre sobre el futuro del trabajo, y sus consecuencias sobre salarios y pensiones. En un sentido más global y menos consciente, también preocupan, y pienso que tendrían que preocupar más, las consecuencias del cambio climático.

Creo que las perspectivas de reducción del trabajo, y las de incremento de las emisiones de CO2, marcan los límites de nuestro modelo industrial, y nos obligan a adaptarlo a una sociedad de 3 o 4 mil millones de consumidores. No es extraño que salgan tantos libros, y se organicen tantos congresos (muchos en Barcelona, por cierto) sobre la “cuarta revolución industrial”, la “economía digital”, la “economía verde”, o la “economía circular”. Unas reflexiones al respeto.

  1. La sociedad industrial. El aumento durante tres siglos del bienestar para una parte de la humanidad ha sido impresionante debido a la revolución industrial. El secreto rae en la capacidad de transformar recursos naturales, sobre todo minerales, en base de añadir trabajo humano y energía extraída de recursos fósiles, convirtiéndolos en productos cada vez más sofisticados. La utilización de estos productos ha sido la base del bienestar.
    Nuestro sistema industrial ha topado con dos límites: todos los recursos naturales (tanto minerales como energéticos) son limitados, y la capacidad de la atmósfera para reciclar las emisiones también ha llegado a su límite. Se ha encontrado, en el mismo tiempo, con la necesidad de adaptarse a dos realidades: la cantidad de trabajo necesario para la fabricación es cada vez menor; y ya son más de 3 mil millones de personas las que quieren trabajar y quieren poder consumir.Seguiremos viendo libros y muchos congresos. Querría avanzar telegráficamente cuatro líneas de actuación.
  1. Economía verde y eficiente. Tenemos que utilizar mucha menos energía, tanto por el consumo final como en el proceso industrial, cosa posible porque ahora la derrochamos de forma escandalosa (aprovechamientos inferiores al 20%). Esto supone rediseñar productos (motores, máquinas, edificios…) en base de tecnologías que lo permiten. Y por supuesto tenemos que utilizar energías de origen renovable.
  1. Economía circular. Tenemos que ser mucho más eficientes en la utilización de los recursos minerales. Esto quiere decir muchas cosas:

a) Conseguir el bienestar con menos utilización de productos materiales, y más acceso a servicios.

b) En el caso de los productos industriales, que seguiremos necesitando y utilizando, tenemos que aplicar las bases de la economía circular: diseño enfocado a prolongar la vida de los productos, compartir su uso, mantener, reparar, reutilizar, reciclar, y sólo en último término rechazar.

c) Sustituir el uso de minerales por materiales sintéticos derivados del petróleo. Mataremos dos pájaros de un tiro: aprovecharemos las reservas, y no lo quemaremos.

  1. Trabajo y economía digital.  Aunque la robotización, la informatización, y otras tecnologías, hacen y harán desaparecer muchos puestos de trabajo actuales, queda claro que, si repasamos el que significan los dos puntos anteriores, nos viene encima, durante bastantes años, un trabajo impresionante: diseño y construcción de nuevas infrastructuras, rehabilitación de antiguos espacios, organización de nuevos servicios personales o en red… Significará la aparición de muchos puestos de trabajo. Es una paradoja; resolver los problemas que nos crean los límites de la sociedad industrial, nos supone una fuente importante de nueva ocupación. Eso sí, las calificaciones, y las habilidades transversales exigidas no serán las mismas. Es un reto grande para la educación. Por eso también se hacen muchos libros y congresos sobre “nuevas habilidades”, “nueva escuela”, o “ciudades educadoras”
  1. Trabajo, renta, consumo. Esta paradoja nos tiene que dar tiempo para diseñar una sociedad en la que el nexo “trabajo productivo”/”renta disponible”/”consumo en el mercado”, no tenga la gran importancia actual. Puede no ser necesario que todo el mundo trabaje, o que trabaje tanto como por ejemplo. Puede no ser necesario que toda la renta se derive de la retribución al trabajo. Y puede ser muy probable que las bases del bienestar tengan un componente mucho más grande de gratuidad, de colaboración, de servicios inmateriales compartidos. Hace falta por lo tanto ir avanzando seriamente en iniciativas como “reparto del trabajo”, “reducción de jornadas”, “renta garantizada”, “servicios gratuitos”, “economía colaborativa”, “economía social”

Sin abandonarla del todo, tenemos que ir modificando esquemas de la sociedad industrial, que tan bien nos han ido, pero que ahora no nos sirven del todo.

Joan Majó, ingeniero y ex ministro[:]