Desde 2008, en nuestro país y una gran parte de nuestro mundo occidental se inició una crisis económica que todavía está viva. Durante este período de siete años, todo el mundo ha ido hablando. Pero de hecho, debemos ser claros ya que no a todos, ni mucho menos, nos ha afectado de la misma manera.

Muchas opiniones, puntos de vista, pronósticos, números, estadísticas, teorías, siempre en un contexto macroeconómico. Y por otro lado, el pinchado de los modelos de hacer negocios fáciles, hizo cerrar o reducir de personal muchas empresas y hacer pasar al paro multitud de trabajadores. En muy poco tiempo, las cifras y porcentajes de paro se subieron por las nubes.

Las consecuencias, pues, se han ido decantando al lado de los más débiles. Y las cifras del paro escandalosas sirven de referencia indiscutible de cómo las cosas iban mal, tanto por parte de los teóricos, como por los sufrientes parados. La pobreza fue apareciendo y la separación entre ricos y pobres, cada vez más grande.

Como en todas las crisis, tarde o temprano, esta se empieza a superar. O así nos lo quieren hacer ver. Ya hace más de un año que las cifras del paro han comenzado a bajar, seguramente por efectos de medidas de reforma del mundo del trabajo.

Y como la bajada de la cifra de parados sigue, aunque no igual en todas partes, la atención sobre estas cifras y sus porcentajes se ha intensificado. El descenso del paro se convierte en una de las mejores noticias y es utilizada como cortina de humo de muchos de los problemas de pobreza que siguen igual o peor.

Y es por eso que es muy sospechoso que deshinchar el gran paro, se interprete como la verdadera salida de la crisis. Debemos conocer que muchísimos de los trabajos conseguidos, tienen mucha dosis de precariedad: contratos temporales y sueldos muy bajos.

Todos queremos que se vaya saliendo de la crisis, pero no a cualquier precio. Y vamos contemplando el uso mágico de un contador que nos aleja de la crisis: la cifra de parados. El día que ya no lo son, problema resuelto, aunque los contratos sean muchos de ellos temporales y que los salarios no les permitan salir de una cierta nueva pobreza.

Miquel Verdaguer