La reducción del tiempo de trabajo

Este fin de semana, bajo el título «Four Day Week International Summit» (FDW) se celebran en Valencia unas jornadas organizadas por el gobierno valenciano con representantes de una treintena de países. El gobierno de Ximo Puig ha tenido la amabilidad de invitarme a hacer la conferencia de apertura, cosa que he aceptado con mucho gusto y que me ha obligado a profundizar más en cosas sobre las que ya he hablado y escrito en varias ocasiones estos últimos años. Hago ahora un corto resumen de lo que pienso sobre el tema.

 

1. La FDW. He de empezar diciendo que encuentro acertado que se tomen iniciativas con la perspectiva de plantear la semana de 4 días laborables.

Recuerdo que durante mi infancia y adolescencia el sábado era un día de trabajo igual que los otros cinco de la semana. Se pasó poco a poco a trabajar solo por la mañana, y al cabo de algunos años cerraron todo el sábado las fábricas, los talleres y las oficinas: la actual semana laboral de 5 días. Evidentemente siguen abiertas todos los días una gran cantidad de otras actividades comerciales, ocio, transporte o servicios.

Plantear la FDW creo que es lógico y positivo; pienso que es un escenario de futuro no muy lejano. Ahora bien, es un escenario que tiene muchos otros componentes y cambios, algunos más importantes que la simple reducción de los tiempos de trabajo, y que hay que tenerlos en cuenta. O dicho más claro, los cambios que tendremos en el mundo del trabajo en los próximos años no son sólo relativos a su duración, si no a su localización, a la fuerte incorporación de tecnología, al cambio de «empresas» por «plataformas», a la creación de valor, a la nueva regulación laboral, al sistema retributivo y, quizás lo más importante, a las capacidades necesarias de las personas. Plantear la reducción de la semana laboral sin enfocar en paralelo muchos de estos otros cambios sería hacer el trabajo a medias. Ir hacia la FDW pero dejando igual al resto, sería un error.

2. Retos paralelos a la reducción del tiempo de trabajo.

Me limito a dejar simplemente anunciados algunos de los nuevos y urgentes enfoques.

a) Parto de la base de que en los próximos años crecerá en el mundo el número de «consumidores» y el de «trabajadores» disponibles. La evolución de ambas cifras, y el gran aumento de «productividad» que supondrá la incorporación de tecnología, cambiarán las necesidades globales de «trabajo per cápita». Hay que seguir estas tres tendencias con atención y ver cómo se reparte.

b) Reducir el tiempo de trabajo se puede conseguir de varias maneras: menos horas por día, menos días por semana, menos periodos por año, o menos años de vida laboral. Mientras el trabajo sea el medio mayoritario para tener rentas, y uno de los elementos para sentirse miembro de una colectividad, el reparto del trabajo no puede excluir a una parte de los ciudadanos, a no ser que tengan asegurada otra renta y puedan tener actividades sociales no retribuidas al servicio de la colectividad.

c) Cuando se trata de trabajo presencial, puede ser muy importante reducir los días de trabajo, ya que elimina las pérdidas de tiempo y la contaminación en los desplazamientos. Pero en el teletrabajo, no está tan claro y en el trabajo híbrido tampoco. Será necesario seguramente disponer de puestos de trabajo cerca de casa.

e) El futuro crecimiento de la humanidad sólo será posible si es sostenible tanto en términos ecológicos como sociales. Esto significa un proceso de reducción de las grandes desigualdades sociales a nivel interno de los países y a nivel mundial, y quiere también decir un cambio en el modelo y la eficiencia en el consumo de productos naturales, tanto minerales como energéticos.

f) Se necesita conseguir un fuerte proceso de desarrollo de muchas áreas del planeta para conseguir que sus habitantes puedan disfrutar de unos niveles de bienestar como los que ahora tenemos una tercera parte de la humanidad. Las enormes desigualdades harían la convivencia insostenible.

g) Debemos ir eliminando el actual modelo de obtención del bienestar a través de la apropiación y la utilización de herramientas materiales, y pasar a hacerlo por el acceso a servicios tanto de tipo de cuidado personal como de carácter inmaterial, tanto de carácter gratuito como oneroso.

h) Muchas de estas cosas, significan revisiones profundas de los actuales modelos geopolíticos y socioeconómicos y nos llevan a una nueva etapa de la humanidad. También supondrán cambios profundos en la naturaleza de trabajo humano en una nueva época muy ayudada y potenciada, pero también muy afectada, por la tecnología, tanto la que actúa en el campo material (robótica,) como en el campo intelectual (digitalización, inteligencia artificial, conectividad…) Necesitamos un modelo de crecimiento digital, verde e inclusivo.

i) Será imprescindible aumentar y modificar las capacidades de las personas. Eso es bueno, no sólo para uno mismo, si no para el conjunto de la sociedad. Habrá que dar un cierto carácter de «trabajo» a las tareas de formación, no sólo valorándolas si no haciéndolas obligatorias.

 

Resumiendo, la FDW es un paso adelante, pero creo que la transformación futura del mundo del trabajo es algo mucho más compleja. La globalización, el avance tecnológico, el reto ecológico, y la convivencia mundial, obligan a transformaciones más profundas de los modelos, en concreto del modelo laboral.

 

Joan Majó, ingeniero y exministro. Mayo 2022

 

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