Que lejos estamos del Proyecto Europeo, soñado por sus fundadores desprendido de la segunda guerra mundial. Querían una Europa de progreso, culta, socialmente cohesionada, solidaria, pacífica, y en paz.

Y actualmente tenemos: estancamiento económico, crecimiento de la desigualdad, corrupción, carencia de políticas de inmigración, desunión, un futuro nublado, y un chasco generalizado. El Brexit ha sido un ejemplo claro del descontento de amplios sectores sociales. El 2017 veremos que opinan franceses y alemanes después de sus elecciones.

La Unión Europea está en una situación de bloqueo. Carece que sus miembros compartan un proyecto común; recuperar la supremacía de la política sobre la economía; y disponer de liderazgo.

Mientras, el entorno está cambiando radicalmente. Hoy el centro del mundo, y donde se definirán las políticas mundiales, se encuentra en el Mar de la China y en el Pacífico. En cambio, la población de la Unión Europea, su peso económico y la suya influencia política, acontece irrelevante. El propio Donald Trump, ha dejado claro que se quiere desentender de Europa.

Tendrán razón Oswald Spengler, cuando nos anunciaba “La decadencia de Occidente”, o, George Steiner que era pesimista sobre el futuro de Europa ¿Es éste el futuro que nos espera?

Si no queremos el declive, se tendrán que tomar decisiones radicales. Ahora, sin Gran Bretaña, seguramente será más fácil. Hay que decidir, si se quiere avanzar ninguno el Proyecto Europeo soñado; si queremos convertir la Unión Europea en un simple mercado común; o si damos el proyecto por fracasado y se vuelve a los estados nacionales.

Si se opta por la primera opción, supondría una Unión Europea de dos o más velocidades. Se constituiría un núcleo llevar de países de vanguardia comprometidos al completar la unión monetaria, fiscal y política, abiertos a que en el futuro si puedan añadir los otros países. Los miembros que no se sientan identificados con el proyecto fuera mejor que siguieran los pasos de los ingleses.

Vivimos un momento vital. Se hora de que los estadistas, las élites económicas y culturales, los intelectuales y todos los ciudadanos tomemos conciencia del que está en juego.

Las nuevas generaciones y seguramente también muchos de los más grandes, parece que han olvidado el Europa de las guerras y que el objetivo tiene que ser conseguir una Europa de progreso en paz. Por eso, es imprescindible que las políticas estén pensadas por el bienestar de los ciudadanos y que estos recuperen la confianza en el Proyecto y en las instituciones, condición esencial por el progreso, por la solución de los problemas de nuestra sociedad y para influir en la agenda mundial en la solución de los retos globales.

Francesc Raventós
Ex decano del Colegio de Economistas de Cataluña

Artículo publicado a La Vanguardia el 11/12/2016.