Escuchar las noticias, leer la prensa, seguir las tertulias, conocer opiniones de entendidos y de políticos, no nos aporta claridad sobre la situación que estamos viviendo.

La consideración de la crisis, por parte de los que mandan, sobre todo, parece abrir esperanzas favorables a que se está superando. Muchos de ellos se expresan con excesiva simplicidad. No es creíble por muchos motivos.

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Valorar la situación a partir sólo de los comportamientos financieros de la macroeconomía, es una tentación muy peligrosa. La crisis ha llegado a niveles tan profundos y con tantas repercusiones, que muy difícilmente se puede llegar a pronosticar que ya estamos saliendo.

Es cierto que todos tenemos ganas de que esto se acabe. Pero la realidad nos muestra un panorama en el que muy poca gente puede decir que la cosa está evolucionando. Serán necesarios seguramente muchos años y muchos cambios. A los políticos les interesa mucho poder comunicar que ya estamos saliendo de la crisis.

Hoy nadie nos puede garantizar que posibles pequeñas mejoras sean irreversibles. Sobre todo en el terreno del empleo, que nosotros vivimos muy de cerca, no se observa ninguna novedad. Las actuaciones estructurales se han dedicado básicamente a crear leyes y normativas para favorecer a las empresas, la contratación laboral. Y en una situación de gran dificultad tener trabajo, los salarios son como «el tomas o el dejas».

No se ven verdaderos esfuerzos y actuaciones en el campo de la formación, de la investigación, de las innovaciones, de las inversiones en actividades verdaderamente productivas. Los que podrían hacerlo, a menudo prefieren el negocio financiero, que ha sido la estrella de estos últimos años.

Nosotros, como entidad dedicada desde hace muchos años a ayudar a las personas que no pueden trabajar, estamos viviendo la gran dificultad de orientar adecuadamente. Los proyectos de emprendimiento son una gran posibilidad, si bien no siempre el éxito se puede garantizar. Estos nuevos emprendedores, de cuando en cuando chocan inevitablemente con la misma crisis, y esto es aún más desesperanzador.

Nuestra Fundación está constatando que la colaboración económica que antes de la crisis nos permitía atender más ampliamente las necesidades, se está debilitando, sobre todo en cuanto a las subvenciones públicas y privadas. Ahora bien, hemos de afirmar que los que siguen creyendo en nuestra actuación, entidades y particulares, así como muchos voluntarios, son un gran estímulo para seguir luchando en la misma línea, aunque los escenarios y las perspectivas sean tan poco optimistas.