Cuando emprender es la única opción

Tradicionalmente, el interés por emprender y el número de nuevos proyectos emprendedores aumenta en épocas de crisis o cuando encontrar un trabajo por cuenta ajena se convierte en una meta imposible. Así lo refleja el Gender Entrepreneurship Monitor, informe anual que desde el año 1999, publica los resultados de una investigación sobre la actividad emprendedora en todo el mundo. En algunas ediciones, me he sorprendido descubriendo que los países más emprendedores de aquel año habían sido países considerados en vías de desarrollo, como Uganda o Perú por ejemplo.

La realidad es que hoy podemos decir que las motivaciones para crear una empresa son muy variadas: descubrir una oportunidad de negocio, tener mayor autonomía, seguir una tradición familiar, generar impacto o crearse un puesto de trabajo. Todas las motivaciones son válidas y todas comparten riesgos parecidos y factores clave de éxito.

La historia está llena de ejemplos en los que emprender es la única opción. La escritora inglesa Virginia Nicholson describe en su magnífico libro “Ellas solas” la historia de los dos millones de mujeres que perdieron a sus maridos en la Primera Guerra Mundial y que vieron así truncadas las vidas para las que habían sido educadas: convertirse en esposas, madres y amas de casa. Muchas de ellas decidieron reinventarse, crearon sus propias redes informales y aprendieron los rudimentos necesarios para poner en marcha pequeños negocios, solas o en grupo.

«La economía de un país necesita personas con espíritu para emprender y decididas a generar actividad económica.»

 

Algo similar sucedió durante la revolución sandinista en Nicaragua cuando los hombres dejaron sus hogares para unirse a la batalla; las mujeres pusieron su creatividad a trabajar, y, empujadas por la necesidad de sobrevivir, crearon pequeñas empresas; algunas de ellas se convirtieron con los años en florecientes negocios. Conocí a muchas de ellas y me admiré ante la manera cómo habían organizado las ventas, la producción, cómo habían buscado nombres para la marca de sus productos y cómo habían creado equipos de trabajo.

En estos casos de emprendimiento por necesidad, las mujeres tienen un gran protagonismo. De hecho, cuando el Premio Nobel de la Paz, Muhammad Yunus puso en marcha el Grameen Bank o Banco de los Pobres, con el objetivo de ofrecer microcréditos a los emprendedores, decidió enfocarse a mujeres en zonas rurales de India para ayudarles a que sus familias salieran de la situación de pobreza en que se encontraban. Un pequeño préstamo sin aval les iba a ayudar a crear un negocio; ante su sorpresa, Muhammad Yunus se encontró con la agradable noticia de que todas las mujeres devolvían los préstamos con los pequeños beneficios que generaban, ya que querían que otras personas pudieran tener la misma oportunidad que ellas mismas. La idea de Yunus pronto se expandió a una gran multitud de países y se cuentan ya por miles las personas que, gracias a algún Grameen Bank, han podido convertirse en emprendedores.

Pero no son sólo mujeres las que emprenden cuando ésta es la única opción. Las ciudades europeas están llenas de personas, hombres y mujeres que, ante la dificultad de encontrar un trabajo por cuenta ajena, buscan la manera de asegurarse unos ingresos con los que mantener a la familia. Son los propietarios de restaurantes, los creadores de pequeñas editoriales, los fundadores de negocios de limpieza de coches o los que deciden aventurarse en proyectos innovadores, como la apertura de pastelerías donde ofrecer dulces y pasteles diferentes.

Detrás de todas estas historias hay rasgos y actitudes comunes que explican el éxito de sus iniciativas. En primer lugar, todos ellos comparten una gran confianza en sí mismos; son conscientes que emprender no es fácil y que van a encontrar serias dificultades en el camino, pero saben rodearse de buenos consejeros y sobre todo de los compañeros de viaje más apropiados. Es cierto que muchos de los que salen adelante conocen la amargura de algún fracaso, pero saben aprender de lo que les ha salido mal y vuelven a intentarlo.

«La realidad es que hoy podemos decir que las motivaciones para crear una empresa son muy variadas: descubrir una oportunidad de negocio, tener mayor autonomía, seguir una tradición familiar, generar impacto o crearse un puesto de trabajo. Todas las motivaciones son válidas y todas comparten riesgos parecidos y factores clave de éxito.»

 

Afortunadamente, desde hace ya un par de décadas, la sociedad ha entendido la importancia de ayudar a estos emprendedores y ha creado instituciones públicas y privadas y puesto en marcha iniciativas y mecanismos cuyo objetivo primordial es que estos proyectos incipientes se conviertan en empresas sólidas, empresas que un día podrán pasar a la siguiente generación, porque así es como se construyen las empresas familiares. Es nuestra obligación como sociedad ayudarles y proporcionarles sobre todo lo que más necesitan: asesoramiento, acceso a redes de emprendedores y a fuentes de financiación y simplificación administrativa. Pero lo que realmente necesitan es sentirse orgullosos de su opción de emprender y para ello los medios de comunicación deben contar sus historias y difundir el mensaje que la economía de un país necesita personas con espíritu emprendedor y decididas a generar actividad económica.

En estos tiempos tan duros en que Europa se ve sacudida por la terrible invasión de Ucrania por parte de Rusia y la consecuente migración de millones de ucranianos, sabemos que estas personas, que lo han perdido todo, necesitan con urgencia saber que van a encontrar más pronto que tarde una manera de volver a construir un entorno estable para sus hijos y su familia. Nuestra solidaridad se está volcando en proporcionarles un hogar, escolaridad para los niños, asistencia sanitaria y los recursos imprescindibles para sobrevivir. Pero ellos necesitan algo más; muchos encontrarán trabajo, y entre todos ellos habrá quienes decidirán emprender negocios parecidos a los que tenían en su país o simplemente formarán grupos para crear nuevas empresas. Descubriremos pronto que podemos aprender mucho de ellos, sobre todo de su actitud y fuerza, y sabemos que es nuestra obligación ayudarles en su nueva aventura de emprender, ya sea asesorándoles, ayudándoles en los distintos trámites o creando redes de “business angels” que inviertan en sus proyectos.

Este artículo lleva por título “cuando emprender es la única opción”, pero debería ser un homenaje a todos aquellos hombres y mujeres que en un momento dado de sus vidas decidieron tomar las riendas de su futuro, porque otras vías parecían cerradas, fueron valientes, tuvieron iniciativa, supieron rodearse de personas que creyeron en ellos y construyeron el germen de un proyecto que para ellos y las generaciones que les siguieron fueron un gran motivo de orgullo.

 

Eugenia Bieto

Share This