En política se tiene la sensación de que ante problemas evidentes se prefiere actuar cuándo el incendio está en su plenitud que tomar medidas previas para evitarlo.

El director del fondo de inversiones americano Pimco, Paul McCulley, bautizó con el nombre de banca en la sombra (shadow banking) los cuantiosos activos financieros gestionados al margen del sistema bancario regulado. El crecimiento de este sector ha sido espectacular. En el año 2002 gestionaba 27 billones de dólares, y en el año 2013 el volumen llega a los 75 billones, equivalente al 120% del PIB Mundial. Son productos financieros de alto riesgo que en buena parte no están supervisados y que no tienen más garantía que la que mujer el propio título. El elevado riesgo sistémico que supone no parece que, por ahora, cause muchas alarmas.

A principios de los años 2000 se inicia artificialmente una fuerte expansión económica facilitada por la abundancia de dinero a coste bajo. Los grandes bancos de inversión: Goldman Sachs, JP. Morgan, Merryl Lynch, Lehman Brothers, etcétera diseñaron complicados productos financieros que los bancos comercializaban sin hacerles constar en su balance, ni tampoco garantizar el riesgo pero obtenían jugosas comisiones. Eran paquetes de hipotecas, fondo de alto riesgo (hedge funds), derivados que no cotizan, futuros, proyectos inmobiliarios…

Uno del riesgos de este sector es que al no estar controlado aparecen malos gestores, aprovechados y estafadores que engatusan a los inversores con el cebo de una alta rentabilidad. La confusión entre productos regulados y otros que no lo están ha llevado a grandes fracasos. Recordamos la quiebra de Lehman Brothers, que con un pasivo de 613.000 millones de dólares fue la mayor bancarrota de la historia, o la estafa de 50.000 millones de Bernard Madoff. Son ejemplos del riesgo de la banca en la sombra.

article-reventosEste sector tiene en España una dimensión reducida pero que está creciendo fuertemente. Recordemos los pagarés de Nueva Rumasa que prometían un 8% y 10% de interés; operaciones inmobiliarias fantasma y captación de inversiones de chiringuitos financieros.

El pánico generado por la crisis financiera del 2007 obligó a los países más desarrollados del mundo, los que pertenecen al G-20, a crear el Consejo de Estabilidad Financiera (FSB en inglés), con el objetivo de promover reformas para evitar nuevas crisis. Se hacen estudios e informes, se toman acuerdos y se hacen grandes declaraciones, pero cada país hace la interpretación que más le conviene.

Últimamente, algunas autoridades monetarias se han mostrado preocupadas por estas inversiones, especialmente en algunos países emergentes como la China, Brasil o India, donde crecen exponencialmente y la supervisión es mínima. Incluso el Fondo de Pensiones del Gobierno de Japón, que gestiona 1,25 billones de dólares, invierte en bonos basura. En China, el gobierno se da cuenta de que se están creando burbujas en el campo financiero e inmobiliario, pero no se atreve a actuar por miedo a las repercusiones que puede tener.

El informe del Fondo Monetario Internacional Global Financial Stability Report de octubre del 2014 dice que los mayores riesgos de inestabilidad se están acumulando en la banca en la sombra. ¿Si hay plena conciencia de que la banca en la sombra supone un riesgo sistémico, porque los gobiernos no detienen o regulan estas actividades? En buena medida es debido a la capacidad de influencia del sector financiero regulado, que en paralelo controla importantes estructuras de banca la en la sombra. Los bancos y los inversores piensan que en caso de nuevas crisis, los bancos centrales saldrían en su rescate. Desde la quiebra de Lehman Brothers, en ningún otro entidad financiera importante se la ha dejado caer, desde la aseguradora norteamericana AIG, a la belga Dexia, la alemana Hypo Real Estate, elCredit Inmobilier en Francia o en España Bankia.

El sistema financiero es vital para el funcionamiento de la sociedad y por lo tanto se lo tiene que proteger ante prácticas altamente especulativas. La creación de dinero sólo tiene que corresponder a los bancos centrales, en función de la tasa de crecimiento, la demanda monetaria y la inflación. Tiene que ser una de las herramientas para impulsar el crecimiento económico y evitar riesgos innecesarios.

¿No se tendría que regular la actividad de la banca en la sombra antes de que se escape totalmente del control de las autoridades monetarias? ¿No habrían los gobiernos de tomar medidas contundentes para evitar nuevas crisis financieras, que como sabemos tienen unos costes económicos y sociales inmesos?

Francesc Raventós

Artículo publicado en La Vanguardia el 22/02/2015