1º de Mayo: Las reivindicaciones pendientes

Desde el año 1886 se celebra la fecha de el 1º de mayo, como Día Internacional de los Trabajadores. Es una fecha que recuerda la huelga iniciada en Chicago en los Estados Unidos, el 1 de mayo de 1886, para conseguir la jornada laboral de 8 horas. A consecuencia de la huelga y de la lucha fueron ejecutados varios sindicalistas.

Desde aquella fecha el mundo y el mundo del trabajo se han transformado profundamente. En aquellos años se trabajaba siete días en la semana y lo hacían también mujeres y niños. La única protección era una ley que prohibía hacer trabajo más de 18 horas en el día. Las condiciones del trabajo eran escalofriantes. Dichosamente, las cosas han cambiado sensiblemente, pero todavía en muchas partes del mundo son escandalosas. En la UE el trabajo está muy protegido, pero hay disfunciones, especialmente en algunos países.

Una cuestión a resolver es disponer de un modelo económico que cree ocupación para todo el mundo. Hoy el paro en la UE es del 6,2% de la población activa; es una cifra razonable próxima al llamado paro técnico. En cambio, en España, el paro, a pesar de haber mejorado, continúa siendo muy elevado, el 13,3% de la población activa y en Cataluña también todavía es demasiado alto, el 10,2%. Más allá de la gravedad del paro, el problema más grande es la creciente precariedad del trabajo que muchas veces condena a muchos trabajadores a la exclusión social. La exclusión social viene de lejos: la injusta distribución de la renta, el paro prolongado, la precariedad laboral, las remuneraciones insuficientes, la carencia de vivienda pública y en general, la infrafinanciación de los servicios públicos en Cataluña.

Las grandes transformaciones económicas y sociales que en las últimas décadas se han producido afectan de lleno al mercado laboral. Como grandes cambios podríamos destacar la globalización de los mercados, el cambio climático, la transición energética, la digitalización o la permanente revolución tecnológica. Por si no fuera suficiente, periódicamente surgen crisis que generan disrupciones a la ocupación. La crisis económica del año 2008, la pandemia de la Covid y ahora la guerra en Ucrania, son unos ejemplos. Tanta incertidumbre y tanto cambio hace que muchos puestos de trabajo desaparezcan o acontezcan obsoletos, mientras se crean otras nueces; pero los que pierden el trabajo, no siempre, los es fácil reciclarse para poder ocupar puestos de trabajo que exigen el uso de nuevas tecnologías.

Las reivindicaciones en el Día Internacional de los Trabajadores, 1.º de mayo, continúan vivas. Se tiene que reivindicar el derecho al trabajo digno, a crear ocupación, la mejora de las condiciones de trabajo, disminución de la precariedad, formación general y profesional permanente, protección social y pensiones dignas. Y al mismo tiempo, hay que reivindicar una distribución más justa de la riqueza que disminuya la desigualdad social, así como transformar el modelo de sociedad de forma que todo el mundo pueda progresar. Parecerá una quimera, pero como se ha demostrado en el mundo del trabajo muchas reivindicaciones que en su día fueron consideradas utópicas finalmente han acontecido una realidad.

 

Francesc Raventós
Exdecano del Col·legi d’Economistes de Catalunya

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