Creo que estamos de acuerdo en que uno de los fenómenos más importantes de la segunda parte del siglo XX ha sido la “globalización“, es decir, el hecho de que, a pesar de las grandes diferencias, el planeta se está convirtiendo en un “espacio único “para los 7.000 M de personas que lo habitamos. Somos bastante conscientes de los aspectos que nos tocan más directamente, pero no de todos. Hacemos, pues, un pequeño repaso.

  1. Causas. La globalización la han provocado y facilidad, tres tipos de causas: técnicas, políticas, y naturales.
    • El enorme progreso en los medios de transporte, tanto de personas como de mercancías, y la supresión de aranceles y de fronteras políticas, han incrementado mucho el movimiento de recursos agrícolas, mineros, o energéticos, y de productos industriales. También los desplazamientos de personas, tanto por razones de ocio, como de fuga, de trabajo, o de legítima búsqueda de una vida mejor.
    • La digitalización de la información y la construcción de una red mundial de comunicación, junto con la liberalización de los movimientos de capital y la conexión de los sistemas de información (recuerde que el dinero y la información se transmiten en forma de bits), han supuesto por un lado la aparición de una enorme concentración de poder económico, y por otra, una explosión de la cantidad de información a su alcance, con la imposibilidad de ningún control sobre su rigor, ni responsabilizarse de sus emisores.
    • La globalización “natural” ya existía desde siempre. Ni los océanos ni la atmósfera tienen fronteras. Pero en ha hecho conscientes el reto del cambio climático; nuestras emisiones de CO2, como las de los norteamericanos o los chinos, calientan la atmósfera de todo el planeta; y el deshielo de los icebergs hacen subir el nivel del agua en todos los mares de todo.
  2. Balance. La globalización ha tenido efectos enormemente positivos. Más de mil millones de personas han salido de la situación de pobreza; el progreso económico se ha extendido; más libertad, más salud y educación, han llegado a muchos más lugares. Es evidente, aunque alguien no reconozca. Pero, a la hora, al no haber tenido en cuenta la velocidad de los cambios, y por la patente incapacidad de establecer marcos políticos globales adaptados a las nuevas necesidades, se han favorecido fenómenos no deseables: aumentos de las desigualdades; concentración de poder económico que pasa por encima de las regulaciones de los pequeños estados; incremento de la actividad financiera especulativa y los fraudes fiscales; aumento masivo de la movilidad de personas; deslocalización de empresas (hasta ahora industriales pero, cada vez más, también de servicios); facilidad de comportamientos criminales a través de las redes; o crisis de aquellos instrumentos democráticos que están basados ​​en una adecuada información de los votantes. Todo esto ha creado nuevos miedos y nuevas incomodidades, cuando no nuevas indignaciones.
  3. Reacciones. Creo que la mejor manera de analizar lo que pasa es entendiendo que muchas de las acciones que una persona o una organización hace en un rincón del planeta, tienen ahora muchos efectos, voluntarios o no, en cualquier otra parte del mundo (desempleo, desestabilizació económica, desastres financieros, sequías, inundaciones, migraciones, cibercrimen …). El mundo se está convirtiendo en un espacio único, y sus partes son cada vez más interdependientes. La asimetría entre la globalización de muchos aspectos de la economía, y el mantenimiento de las antiguas regulaciones a nivel “nacional”, ha tenido mucho que ver con estas dificultades. Y es una lástima porque el equilibrio que durante dos siglos hemos vivido a nivel de los Estados entre libertad y regulación ha funcionado bastante bien; ha mantenido generalmente la libertad; ha generado progreso económico; y hasta hace unos 20 años, había reducido mucho las desigualdades … La reacción, comprensible emocionalmente, de volver a levantar fronteras, es inadecuada al menos por tres motivos: el progreso tecnológico hace inviable volver a una sociedad “cerrada”; se ha demostrado que la apertura ha creado mucha riqueza (otra cosa es que se haya repartido tan mal); y las sociedades emergentes que ven todavía perspectivas de futuro, no aceptarían pacíficamente pasos atrás. El actual sentimiento, promovido por los populistas, de “nosotros solos mejor!”, Es un gran error.

Es imprescindible imaginar nuevas estructuras políticas (como la Unión Europea) que, a través de instituciones, pactos, u organizaciones internacionales, creen a nivel supranacional sistemas de regulación que permitan y obliguen a un funcionamiento equitativo de este nuevo espacio en que se ha convertido nuestro mundo.

Joan Majó, ingeniero y ex ministro.