La situación política que estamos viviendo en Cataluña ha supuesto un escape de sedes sociales de empresas catalanas. Algunos de estos movimientos tienen sentido, como por ejemplo el de CaixaBanc o Banco de Sabadell, para evitar la retirada masiva de depósitos y asegurarse el apoyo del Banco Central Europeo y del fondo de garantía de depósitos.

También tiene un cierto sentido el traslado de empresas de servicios o de consumo que tienen buena parte de sus clientes al resto de España y tienen miedo de un cierto boicot. Algunas empresas importantes y la mayoría de multinacionales, seguirán aquí, pues ya están acostumbradas a los cambios políticos a muchos países. Así lo ha afirmado SEAT o la Cámara de comercio Francesa de Barcelona.

¿Qué efectos tienen estos escapes de suyos sociales de empresas? De entrada generan un efecto psicológico en contra del proceso, pero con pocos efectos reales, pues la empresa seguirá al mismo lugar de siempre. En el futuro dependerá de cómo todo evolucione. En cuanto a los efectos fiscales son mínimos, puesto que los impuestos más destacados se pagan donde hay la principal actividad económica, que es Cataluña.

Es cierto que estos movimientos no son deseables. Pero vemos la otra cara de la moneda. Si Cataluña acontece un estado independiente, como por ejemplo Dinamarca, Austria, Noruega, o Suiza, muchas empresas tendrán que abrir aquí una sede social para atender el mercado catalán que tiene siete millones y medio de consumidores. Cataluña, con un estado propio necesitará también disponer de un conjunto de empresas, puestos de trabajo y funcionarios para atender los servicios públicos y los mercados regulados.

Las ventajas de disponer de un estado propio son evidentes. Se toman directamente las decisiones que más convienen, como por ejemplo, las inversiones a hacer. Otro hecho básico es que la hacienda catalana ingresa todos los impuestos, y, evita así el déficit fiscal.

Una desestabilización de la economía no interesa a nadie. Entre otras cosas, el Estado Español tiene una deuda de un billón cien mil millones de Euros. Ya el Fondo Monetario Internacional ha advertido que unas tensiones prolongadas en relación en Cataluña podrían afectar las inversiones en España. En los mercados financieros hay nerviosismo.

Cualquier periodo de transición crea disfunciones, pero un país pequeño, económicamente viable cómo es Cataluña, con un tejido empresarial dinámico, innovador y competitivo en un mundo abierto, tiene muchas más posibilidades de mejorar el bienestar de los ciudadanos, que en definitiva tiene que ser el objetivo de la política.

Qué cada uno opine y decida el que crea más conveniente, pero hagámoslo libremente con el máximo de información y objetividad posible.

Francesc Raventós
Ex decano del Colegio de Economistas de Cataluña

Artículo publicado en La Vanguardia el 15/10/2017.