Hace unos días, los franceses nos permitieron dejar de banda algunos repeluses sobre el futuro. Macron parece partidario de continuar la construcción de la UE. El repelús se ha transformado en esperanza. Pero sería un error que se transformara en tranquilidad: las dudas y las divergencias sobre qué UE queremos son importantes, tanto en el ámbito de países, como de gobiernos, o de ciudadanos. Hace falta que nos ponemos a trabajar, pero hace falta que primero nos aclaramos, para no volver a tener sustos y a ir a remolque de los hechos. Con esta intención, expongo 4 reflexiones.

  1. Tres objetivos: Paz, Bienestar, Presencia. El objetivo inicial de los fundadores fue asegurar que, después de dos guerras escalofriantes, en Europa hubiera paz. Los 70 años de paz han sido el resultado, no sólo de controles sobre carbón, acero, uranio, armas y ejercidos, sino sobre todo del continuado aumento del bienestar a toda la UE. El aumento ha sido posible por el crecimiento económico, la creación de riqueza real, el incremento del comercio, y la reducción de las desigualdades. La paz no es solamente ausencia de guerra; es el aumento del bienestar y la oportunidad para todos de acceder. El bienestar fue un objetivo en sí mismo, y también una base para la paz. Mientras estos dos objetivos se lograban, cabe añadir un tercero. El nuevo panorama global, con la emergencia de grandes espacios económicos y de grandes poderes políticos, hizo evidente que ningún estado europeo podía, él solo, intervenir con eficacia en este nuevo mundo. Pero el conjunto de Europa tiene pes y fuerza para seguir defendiendo los intereses de sus ciudadanos, y ser a la vez un referente, un modelo, y una gran fuente de cooperación y de ayudas, para el resto de las sociedades del planeta. Hay que revisar las bases de la Unión, pero de ninguna forma hacer pasos atrás volviendo a estructuras políticas obsoletas de hace 100 años. Pondríamos en peligro el que se ha conseguido y no obtendríamos nada del que buscamos. Esto vale para los tres objetivos.
  2. Dos velocidades o dos hitos. Las sucesivas ampliaciones de miembros a la Unión, y muy especialmente la más numerosa de finales de siglo, hecho con poca preparación, fueron tirando más complicada la construcción de este nuevo ente político que tiene que combinar la necesaria unidad de actuación en temas geopolíticos y macroeconómicos, con el respecto de la diversidad y la pluralidad internas. No se aprobó el modelo federal, y se quiso salvar estas dificultades con los inventos de las “cooperaciones reforzadas” y de las “dos velocidades”. Error…Despacio, esto se ha ido convirtiendo en un tipo de barra libre en la cual cada sido puede elegir el que quiere, el que no quiere, y cuando lo vol… La experiencia de la ampliación con la entrada del Reino Unido ya fue un antecedente, y ya hemos visto cómo ha acabado. Es evidente que la Europa de dos velocidades” es una imagen equivocada”, puesto que no está claro que todos queramos llegar al mismo grado de unidad, unos más rápidamente que otras. La realidad es que, legítimamente, no todos queremos llegar al mismo punto. Hemos, por lo tanto, de construir un modelo que tenga en cuenta dos posibles hitos, evitando las actuales diferencias y confusiones en política internacional, en defensa, en sistemas monetarios, y en sistemas fiscales. Confusiones que nos comportan una extrema debilidad negociadora.
  3. El Núcleo y la Periferia. La Unión Europea tiene que ser una “entidad política” similar en los Estados Federales, aunque seguramente con más respeto por sus particularidades históricas y culturales, pero con unificación o armonización de políticas exteriores, de seguridad, de defensa, de relaciones económicas, de moneda y de fiscalidad. Tiene que tener unos mecanismos de solidaridad interna y unas transferencias interterritoriales. Y tiene que dotarse de unas instituciones políticas que respondan a un mandato democrático de los ciudadanos y no a un “tratado inter-gubernamental”. A su lado, o al suyo cercando, hay de haber una entidad de carácter fundamentalmente económico que reúna todos aquellos estados que, conservando una parte más grande de soberanía política, quieran contribuir a fortalecer y aprovechar las ventajas de una zona comercial unificada, también con instituciones propias pero de carácter más económico, y menos estrictos.
  4. Bienestar y Soberanías. He dicho que observo muchas dudas. Respeto el que cada uno piensa, pero estoy convencido que cuando un ciudadano catalán, español, austríaco, o francés, cede parte de su soberanía a la UE no lo está perdiendo, sino que está evitando perderla toda ante el poder de los mercados financieros globalizados y liberalizados, o de las empresas multinacionales. Sólo los poderes políticos grandes pueden hacer frente a estos poderes y defender sus ciudadanos Evidentemente, hace falta que quieran y sepan defenderlos, cosa que no siempre pasa!

Joan Majó, ingeniero y ex ministro