El agravamiento de la situación política, fruto, una vez más, de la mezcla de miopía y brutalidad por parte de las instituciones del Estado, y de importantes errores de los líderes independentistas catalanes, está teniendo paradójicamente un aspecto positivo: se empieza a admitir que quizás se han cometido errores, y que hay que revisar estrategias de cara al futuro. De momento, esta aceptación de errores es clara en la parte catalana, cosa que me alegra puesto que supone una dosis de cordura que yo no veía hasta ahora, pero que sigo sin ver en la otra parte. Aprovecho la ventana que se está abriendo, para repetir con más contundencia del que lo he hecho los últimos dos años, mi convencimiento de que la actitud de los Estados europeos será clave en el que pueda pasar en el futuro, y reiterar mi convicción de que estamos equivocando la estrategia en la relación a la UE. Esta convicción mía, que puede ser equivocada, es el fruto de experiencias personales.

  1. El déficit fiscal. Una de las argumentaciones utilizadas en favor de la independencia es eliminar el actual déficit en las transferencias fiscales; el que algunos explican diciendo que ahora “España nos roba”. Hay que entender que, en todo Europa, hay transferencias de este tipo entre muchas regiones ricas y otras más pobres que comparten un mismo mercado; sueño, sueño queridas, y están plenamente aceptadas políticamente. (De Baviera o NorteRein/Westfaliahacia los lands del Este; de la Lombardia o del Vèneto hacia el Mezzogiorno, desde Flandes hacia la Valonia…) Tenemos toda la razón en querer corregir los excesos de nuestro caso, pero saltar a la independencia crea la imagen de no querer, por egoísmo, compartir nuestra prosperidad con otras partes del Estado, y esto no despierta simpatías en todas partes…
  2. La incomodidad de vivir en España. Hace 50 años era fácil explicar afuera que queríamos salir de una dictadura. Ahora es difícil defender que España no sea una democracia homologable con las del resto de la UE, bastante imperfecta y con disparos empeorando los últimos años, pero todavía mejor que algunas otras. Desde aquí tenemos que entender esta visión. Quien no lo entiende es porque no sabe que fueron el nazismo, el fascismo, el comunismo, o el franquismo…Se tiene que mejorar mucho nuestro régimen, pero muchos no creen que haga falta la rotura, porque en Europa no ha habido la imagen que la de España sea una democracia diferente de las otras de la UE. Y, en relación en Cataluña, escucho con mucha frecuencia: “el que me gustaría a mí es vivir, como tú, en Barcelona!”
  3. La estrategia de la unilateralidad. Creo que, de cara a la opinión de las instituciones europeas, hay una estrategia que ha hecho muy mal a nuestra imagen: La decisión de optar por una vía unilateral, insistiendo en términos como la desobediencia a la ley y a la constitución, y contraponiendo legalidad con legitimidad, sin saber quién decide qué es el que es legítimo. Y sobre todo, haber decidido esta vía sin contar con una evidente “amplía mayoría popular” a favor de la independencia, que fuera fruto de una consulta formal o de un referéndum con garantías. Ya sé que la culpa inicial de todo esto está en la actitud intransigente del gobierno español, pero esto no es bastante para poder justificar el que hemos hecho ante un conjunto de Estados que creen que el cumplimiento de la ley es un elemento básico de la democracia.
  4. El papel de las instituciones de la UE. A buena parte de la UE se entiende el deseo popular de poder decidir cambiar nuestra relación con el Estado. También se contempla con preocupación la posición cerrada y rígida del gobierno español negado a cualquier tipo de negociación. Y todavía se ve con más preocupación, la creciente utilización de la fuerza. Creo y espero que esto propiciará advertencias, públicos o privados; pero hay que evitar ilusiones. Estoy convencido que, sin abandonar formalmente la actitud de considerarlo un “problema interno”, se está dispuesto a presionar Madrid para una negociación, con objeto de evitar una situación de inestabilidad dentro de la UE, y sobre todo dentro de la zona Euro. Pero no hay que esperar pasos directos para apoyar explícitamente el movimiento independentista, tanto por razones formales (no lo ven del todo justificado, ni tienen evidencia que sea basta mayoritario) cómo por razones escondidas (el miedo del posible precedente en otros lugares, o un gran incremento del número de estados de la UE).
  5. Las ilusiones. Lo he repetido a menudo. En todo proceso político, es fundamental saber ponerse en la posición tanto del adversario como de los posibles aliados, para intentar comprender las razones, y medir las fuerzas, de cada parte. El independentismo catalán, desde el principio, no midió be las fuerzas del Estado; y posteriormente, ha preferido dejarse traer por ilusiones en vez de analizar racionamiento los intereses de la UE.

Sólo faltaría que ahora la desilusión, comprensible pero previsible, nos trajera a convertir la UE en un nuevo adversario de Cataluña. Sería un error añadido. Atención con lo que se haga en Bruselas estos días…

Joan Majó, ingeniero y ex ministro.