Tanto a través de la lectura de informes recientes, como en ocasión de la participación en algunas reuniones empresariales, he tenido oportunidad de constatar una situación similar que me ha resultado preocupante, y que quiero comentar. Resumo, simplificando, el contenido del que he leído o escuchado:

La evolución de los índices macroeconómicos nos indica que la economía española está devolviendo a un buen camino y que estamos en una clara situación de recuperación. Durante el último semestre el PIB está creciendo a un ritmo anua de los más altos de la UE; el paro se está reduciendo, aunque sea con una ocupación de más baja calidad; las exportaciones están aumentado de forma importante y aumenta poco el endeudamiento exterior; el consumo interior también crece, así como el Índice de Precios de Consumo; los márgenes de las empresas vuelven a ser positivos y los costes salariales disminuyen ligeramente; los tipos de interés vuelven a crecer un poco y los rendimientos de las inversiones bursátiles también. También crecen el valor y los rendimientos de las propiedades inmobiliarias, debido de a los incrementos de los alquileres. Como consecuencia de esto aumentan las inversiones exteriores. Tenemos que conseguir mantener esta dinámica hacia el futuro…”

Creo que esta es una descripción bastante acertada de lo que está pasando, y que refleja una salida de la recesión. Pero creo que es un error describir este escenario con satisfacción y predicar su continuidad. En primer lugar para no analizar suficiente be se suyas causas, y sobre todo para no entender allá donde nos trae.

No olvido los importantes esfuerzos que muchos han hecho los últimos años a todos niveles; pero hay que ver que una parte importante de las causas de esta dinámica positiva no depende de nosotros: el favorable cambio euro/dólar que ha contribuido a mejorar la capacidad exportadora, el descenso del precio de los combustibles que ha reducido el coste de las importaciones, o las políticas de liquidez del BCE que han bajado el coste del endeudamiento. Todas ellas pueden cambiar repentinamente en función de situaciones inesperadas. Si esto pasara sólo nos queda la reducción de los costes salariales, que es buena si es debida a mejoras de productividad, pero todo nos dice que en muy buena parte es fruto de reducciones de sueldos, y por lo tanto mala.

Analizando en conjunto el escenario de salida de la crisis, me da mucho miedo que nos traiga a una sociedad en la que continúen creciendo fuertes desigualdades entre rentas (mejores rendimientos del capital, pero peores salarios), se incremente mucho la precariedad (más trabajo temporal, parcial, y mal pagado), se dificulte para más gente el acceso a una vivienda (alquileres más altos con sueldos más bajos) y se obligue a muchas personas a reducir su consumo (crecimiento de los salarios y de las pensiones por debajo del crecimiento del IPC, es decir disminución del poder adquisitivo).

Sin una fuerte inversión pública en políticas de formación de capital humano (salud, educación e investigación), en políticas activas para los jóvenes en el tema ocupacional, y sin una política fiscal que asegure una redistribución de rentas y castigue el fraude fiscal y la especulación, habremos salido de la crisis pero nos encontraremos que hemos hecho muchos pasos atrás respecto de nuestra situación económica y social de hace veinte años. Es un escenario muy poco deseable, pero previsible en estos momentos…

Joan Majó, Ingeniero y ex ministro