El optimismo es un sentimiento personal. Algunos economistas confunden el nivel de satisfacción de los ciudadanos con la marcha de la economía. Esta correlación no necesariamente existe. Hay otros aspectos de la vida que son tan o más importantes.

Si intentamos ser objetivos, hay que hacer una valoración de conjunto del entorno en el que vivimos. La conclusión es que los europeos, a pesar de las cosas que no van del todo bien, somos unos privilegiados. Unos mucho, otros no tanto, pero somos unos privilegiados. La mayoría disponemos de una cierta capacidad adquisitiva, un buen sistema de salud, nivel cultural, estado de bienestar e infraestructuras, en conjunto, muy superiores a otros países. Pero se nos ha inculcado la cultura de “querer siempre más”, y esto nos lleva frustraciones. Si no, no se entiende este ambiente de pesimismo dominante en la Unión Europea

Vemos el caso de España o de Cataluña. La economía tiene problemas: elevado desempleo, fuerte endeudamiento, seguridad social deficitarios, o precariedad laboral, pero también tiene sus puntos fuertes: tasa de crecimiento superior a la media europea, reducción del paro, capacidad exportadora o elevado turismo. La situación no es ideal pero tampoco desastrosa.

Más allá de la economía hay muchos aspectos que las personas valoran. En salud somos afortunados. Pese a los recortes tenemos un buen sistema sanitario público que atiende a 47.000.000 millones de personas. Los índices de mortalidad infantil o de trasplantes son excelentes. El sistema de salud y el placer de la dieta mediterránea, contribuyen a tener una expectativa de vida de las más altas del mundo: 83,2 años.

Si miramos un poco atrás, el nivel cultural ha mejorado. En educación los resultados PISA muestran que no estamos donde quisiéramos, pero la educación obligatoria que ya se plantea sea hasta los 18 años y un amplio sistema universitario, investigación y Erasmus incluidos, son esperanzadores.

El sistema político, de una calidad democrática cuestionable, ofrece a los ciudadanos elegir a sus gobiernos. Ser miembro de la Unión Europea, a pesar de su falta de líderes, no deja de ser una gran suerte. Y aunque no es por méritos propios, tenemos una naturaleza espléndida y un clima envidiable, contamos con la familia, las amistad, la comunidad y sabemos disfrutar de los pequeños grandes placeres de la vida.

Resumiendo, problemas mil, pero oportunidades también. Hay que encarar los tiempos confusos actuales con realismo y optimismo. Hay que adaptarse a la nueva realidad, ser exigentes y decidirnos por gobiernos valientes que sepan resolver problemas y aprovechar las oportunidades que los nuevos tiempos ofrecen. Con optimismo realista y exigencia, todo será más fácil.

Francesc Raventós – Ex decano del Colegio de Economistas de Cataluña

Artículo publicado en La Vanguardia el 23 de abril de 2017